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CUATRO FUNDAMENTOS DE LA CORRESPONSABILIDAD CRISTIANA

Los Cristianos estamos llamados por Dios Nuestro Señor para ser sus administradores. En la medida  que profundizamos en nuestra relación interpersonal con Dios, Nuestro Creador, permitimos que nuestra "vocación" a la corresponsabilidad crezca en nuestro interior. Crecer en la corresponsabilidad, significa, crecer en la capacidad de ver nuestra vida entera como una verdad sagrada. Crecer en la corresponsabilidad, es nuestra reacción al desarrollo de la actividad creadora de Dios, reacción que engloba todo nuestro ser como un encuentro personal, en la Iglesia y en el mundo. Este manual enfatiza la enseñanza de los cuatro principios fundamentales de la corresponsabilidad Cristiana. Los cuales incluyen:
 
La decisión de iniciar completamente una vida de oración, es un
compromiso profundo que la gente hace. Además, en vías de ser buenos corresponsables de nuestra relación interpersonal con el Señor, debemos dedicar una parte de nuestro tiempo para la lectura de la Sagrada Escritura, y para la participación completa en la celebración Eucarística y de los otros  Sacramentos.
 
Las familias tienen responsabilidades de corresponsabilidad de gran  importancia en la Iglesia domestica, como el cuidado del hogar. Dentro de la familia las relaciones interpersonales deben ser nutridas; debe de prescindir el perdón y la reconciliación, y los valores cristianos deben ser compartidos; especialmente cuando se enfrentan presiones al confrontar algunas veces esta sociedad  secularizada y hostil.
 
Como cristianos reconocemos que nuestros dones, talentos y habilidades, son sin duda para ser cultivados y compartidos con los demás, empezando con nuestra familia y amigos, con quienes nos congregamos para celebrar la Eucaristía, y con el mundo entero; nosotros somos una bendición particular en nuestra comunidad cristiana, y benditos son aquellos a quienes nuestra
parroquia espera recibir.
 
El cristiano corresponsable acepta con gratitud el hecho de que nuestras posesiones y recursos financieros vienen de Dios. El dar como ofrenda, es la manera en que nosotros los cristianos definimos   el regresar la primera parte de nuestros bienes materiales y recursos financieros a Dios.
 
 
"Jesús dijo:  Oren siempre sin desanimarse jamás."  (Lucas 18: 1)
 
La oración es el primer aspecto fundamental de la corresponsabilidad cristiana. Orar es parte esencial de la vocación del discípulo corresponsable. La oración nos concientiza acerca de las cosas de Dios y abre nuestros corazones para que entre el amor de Dios en nosotros. La oración nos hace darnos cuenta de nuestra total dependencia de Dios. Nos hace valorar nuestra unión con la gracia de Dios. La oración nos brinda un mejor entendimiento del poder que poseemos como discípulos para utilizar nuestros dones de manera significativa.
 
LA ORACIÓN ES UN DON
El deseo de orar es un don de Dios. Nuestra dependencia de la bondad de Dios es tan radical que ni siquiera podemos pensar en orar sin que Dios nos invite. Hasta las primeras intenciones de orar son un don de Dios. Entre otros signos, el deseo de orar es una clara señal de la presencia de Dios en nuestras vidas, ya que sin esta presencia, no podríamos desear hablar con Dios.
 
LA ANTIGUA NOCIÓN DE BENDICIÓN
Las enseñanzas de corresponsabilidad que Moisés presentó a Israel en el Libro del Deuteronomio del Antiguo Testamento no empezaron con el sacrificio de dar ni con el diezmo. La enseñanza comenzó con la corresponsabilidad de la oración:
 
"Escucha Israel:  Yavé, nuestro Dios, es Yavé-único. Y tú amarás a Yavé, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Graba en tu corazón los mandamientos que yo te entrego hoy, repíteselos a tus hijos, habla de ellos tanto en casa como cuando viajes, cuando te acuestes y cuando te levantes..."
(Deuteronomio 6: 4-7)
 
La antigua y tradicional noción de corresponsabilidad estaba íntimamente unida a la noción de la oración como una bendición. Un don era bendecido y santificado cuando una persona reconocía ante Dios en oración que Dios lo había otorgado como un don significativo y personal. De este modo, Dios era alabado y glorificado por el don. Cuando la lluvia no era únicamente agua que caía del cielo, sino el rocío de Dios sobre la tierra para hacerla fértil y que esta diera al pueblo hebréo pan y vino, la lluvia se convirtió en algo sagrado. Sin embargo, si alguien lo daba por hecho y simplemente pensaba que era un suceso que ocurría a determinado tiempo sin ningún sentido específico, entonces era algo profano para esa persona. No era algo bendito.
 
La corresponsabilidad nos da una inmensa visión de lo que Dios nos ha dado. Hemos llegado a descubrir y a aceptar como don de Dios todo aquello que es sagrado. Tenemos una vida de bendición no cuando recibimos cosas nuevas, sino cuando nos damos cuenta de que siempre las hemos tenido. Bendecimos a Dios por lo que tenemos y nos bendecimos a nosotros mismos por recibirlo.
 
JESÚS Y LA CORRESPONSABILIDAD DE ORACIÓN
Los evangelios están repletos de ocasiones en que Jesús se tomó un descanso de su ministerio público, evadió a las multitudes, se fué a un lugar solitario y oró. Después de que Jesús sanó a la suegra de Simón Pedro, "de madrugada, cuando todavía estaba muy obscuro, Jesús se levantó, salió y fue a un lugar solitario, donde se puso a orar."  (Marcos 1: 35). Después de que las multitudes lo escuchaban, "él buscaba siempre lugares tranquilos y allí se ponía a orar."     (Lucas 5: 16). Después de la multiplicación de los panes, él despidió a la multitud y se retiró "al cerro a orar" (Marcos 6: 46). Una vez más, antes de escoger a los doce apóstoles, "se fue a orar a un cerro y pasó toda la noche en oración con Dios."  (Lucas 6: 12). El trabajo de cada día quedaba sellado a través de la oración y Jesucristo nos demostró que la oración era el centro de su ministerio mesiánico y de su muerte pascual.
 
EL CRISTIANO CORRESPONSABLE SE DA TIEMPO PARA ORAR
Las primeras comunidades cristianas tenían el hábito de la oración constante. Desde luego, Lucas termina su evangelio con una imagen de los apóstoles"constantemente en el templo alabando a Dios"  (24:53). El cristiano de hoy imita a dicha comunidad apostólica y hace el compromiso de orar diariamente, deteniéndose para glorificar a Dios cada día de su vida. La oración del discípulo corresponsable se une a la de Cristo y el Espíritu Santo es quien ora con nosotros.
 
Hacer tiempo para orar no es sólamente un recordatorio de la divina presencia de Dios, sino también una manera de expresar la vida divina, con todas sus implicaciones acerca de la plenitud del tiempo (kairos) y con Jesucristo acercándose y llamando a nuestros corazones. Al darnos tiempo para orar, estamos siguiendo a Cristo:  no solamente aprendiendo a ser sus discípulos, sino también compartiendo nuestra experiencia de Dios.
 
Si tú ya eres una persona que vive cada día con devoción a la oración, entiendes porqué es muy importante que aquellos llamados a la corresponsabilidad cristiana aprendan la importancia fundamental de darse tiempo para orar y para bendecir a Dios por todo lo que tenemos y somos.
 
"Entonces Jesús les dijo: 'Vamos aparte a un lugar tranquilo para descansar un poco …'  Y se fueron solos en una barca a un lugar despoblado."
(Marcos 6: 31-32)

Enriquecer a nuestra familia con tiempo y amor
 
"Finalmente, tengan todos un mismo sentir; compartan las preocupaciones de los demás con amor fraternal, sean compasivos y humildes"  (1 Pedro 3: 8).
 
El segundo principio fundamental de la corresponsabilidad cristiana es, después de la oración, el enriquecer a nuestras familias con tiempo y con amor. Las familias cristianas se caracterizan por la fe en Cristo que los une y los mantiene juntos. La existencia de una familia cristiana tiene sentido únicamente porque Jesús y su Padre son también verdaderos miembros de ella. Asimismo, creemos firmemente que el Espíritu Santo refresca la fe que nos mantiene unidos a Dios y a los demás en la vida familiar.
 
IDENTIDAD FAMILIAR
La palabra "familia" añade una rica dimensión a nuestro entendimiento de la vida en comunidad:  ya sea una familia con padre y madre, de madre o padre soltero, parejas casadas sin hijos, parejas cuyos hijos viven lejos, viudos o viudas con sus familias fraternales, familias políticas o personas en comunidades religiosas. Todas estas se consideran "familias."
 
Las familias nos dan una identidad en comunidad más allá de nuestra vida personal y nuestro trabajo. Cuando nos pensamos miembros de una familia obtenemos una profunda conciencia de lo que es una vida compartida de compromiso permanente. Esto nos ayuda especialmente en la cultura de hoy, que devalúa el compromiso permanente con otros, sobretodo en tiempos difíciles. Asimismo, la familia enfatiza la importancia de trabajar en conjunto en una cultura que impulsa el individualismo.
 
LA CORRESPONSABILIDAD Y LA FAMILIA
Como miembros de una comunidad familiar, los cristianos son llamados a ejercer una buena corresponsabilidad enriqueciendo sus relaciones familiares. La corresponsabilidad cristiana asume un espíritu de perdón y reconciliación entre los miembros de una familia, y supone que esta se esfuerza por mejorar su comunicación, por fomentar la sensibilidad y la espontaneidad cariñosa.
 
EL MATRIMONIO
El matrimonio cristiano es un signo dinámico de la corresponsabilidad cristiana, ya da testimonio de un compromiso espiritual muy profundo y personal. La práctica de una corresponsabilidad auténtica nos ayuda a reunir la paciencia, determinación, el esfuerzo y sacrificio necesarios especialmente en tiempos de adversidad. Cuando el amor matrimonial es guiado y fortalecido por una corresponsabilidad puesta en práctica, el matrimonio goza de un ambiente de libertad y confianza, en donde cada uno es apoyado y alentado para crecer, ser más creativo y acercarse más a Dios.
 
PADRES E HIJOS
Los padres ejercen corresponsabilidad sobre los dones de sus hijos, recordando que son micro-imágenes de Dios para sus hijos, y que de palabra y ejemplo son los primeros predicadores de la fe en sus vidas. Los padres brindan a sus hijos un auténtico sentido de confianza y seguridad, haciendo de su hogar un lugar seguro, abierto y compartiendo con ellos la responsabilidad de las decisiones familiares al permitir su participación. Los padres buscan tiempo para pasarlo con sus hijos como familia, y tratan de mantenerse sensibles a las preferencias particulares de cada uno conforme van creciendo. Ellos también permiten que sus hijos tomen decisiones, y les enseñan que como corresponsables, ellos son responsables de las consecuencias que traen esas decisiones.
 
Somos los corresponsables de nuestros padres, especialmente los ancianos, y debemos asegurarnos que sepan que nosotros consideramos sus vidas no sólo significativas, sino también sagradas.
 
FUERA DE LA FAMILIA
La familia cristiana vé más allá de su círculo inmediato para alcanzar con amor a otros que entran en sus vidas, tanto como sea práctico, en vez de absorberse con envidia en su propia relación. La corresponsabilidad concientiza a la familia ante las necesidades de los demás en sus vecindarios, con la gente menos privilegiada y con todo el mundo. La corresponsabilidad fomenta una visión cristiana universal.
 
LA FAMILIA REFLEJA LA PRESENCIA DE CRISTO
¿Podría ser posible hoy y en el futuro que el Espíritu Santo esté obrando a través de la familia cristiana para establecer un signo más visible y consciente de la presencia de Dios en el mundo de hoy?  Desde luego, la familia cristiana es un signo contra-cultural hoy en día. Todo aquello con lo que se enfrenta una familia como conjunto, no individualmente, alimenta y refuerza su compromiso con el Señor y con el prójimo.

 
"Hay diferentes dones espirituales, pero el Espíritu es el mismo; hay diversos ministerios, pero el Señor es el mismo; hay diversidad de obras, pero es el mismo Dios quien obra todo en todos. En cada uno el Espíritu revela su presencia con un don, que es también un servicio." (1 Cor. 12: 4-7)
 
Como nos dice San Pablo, el Señor nos ha dotado de dones únicos y especiales. Algunos de nosotros tenemos don de liderazgo, otros de sanación, y otros más de administración. Algunos tenemos facilidad para construir, otros para consolar a los demás, hay quienes son maestros o mentores. Cualquiera que sea nuestro don, como cristianos, debemos de reconocer que estos dones vienen de Dios. Por eso bendecimos estos dones y bendecimos al Señor por su bondad.
 
Como cristianos corresponsables también reconocemos que nuestros dones deben de ser cultivados y compartidos con los demás, empezando con nuestra familia y nuestros amigos, con aquellos con quienes nos reunimos para compartir la Eucaristía y con todo el mundo. El desafío para nosotros es reconocer que nuestros dones son sagrados y reconocer también la importancia de compartirlos.
 
COMO PASAN EL TIEMPO LOS NORTEAMERICANOS
Ha sido reportado que para cuando el típico norteamericano haya cumplido 50 años de edad, él o ella habrá pasado 10 de esos años frente a la televisión. Otros estudios recientes revelan información escandalizante de cómo decide cada norteamericano pasar sus cuarenta horas de tiempo "libre" cada semana:
 
  1. Viendo televisión    12 horas
  2. Saliendo a cenar o socializando  6 horas
  3. De compras y cuidando su apariencia    5 horas
  4. Películas y lectura    4 horas
  5. Pasatiempos     3 horas
  6. Deportes y ejercicio    2 horas
  7. Actividades religiosas y servicio voluntario    1 hora
  8. Otras actividades    7 horas
La manera en que nos reunimos como cristianos para vivir, trabajar, servir al prójimo y rendir culto a Dios en comunidad simboliza nuestra manera de anticipar la venida del reino de Dios. También hace evidente el tercer aspecto fundamental de la corresponsabilidad cristiana:  compartir nuestros dones y talentos con la comunidad parroquial. La lista de actividades anteriormente mencionadas revela algo muy significativo acerca de la manera en que los norteamericanos pasan su tiempo. Para el cristiano, organizar sus prioridades para compartir sus dones significa confrontar los valores del mundo.
 
PARTICIPAR EN LAS ACTIVIDADES DE NUESTRA PARROQUIA
Celebrar la Eucaristía significa mucho más que asistir a la misa por una hora cada domingo. Hemos sido llamados a participar en las actividades de nuestra parroquia. Cristo nos llama para dar a conocer su presencia de una manera concreta. Esto implica que nos involucremos, y de esta manera el don que compartimos bendice a la comunidad a la que pertenecemos y bendice también a aquellos a quienes nuestra parroquia espere alcanzar.
 
Cristo nos ha llamado a usar nuestros dones "para amar y servir al Señor" - a ser enviados. Compartir nuestros dones a través de nuestra participación en las actividades de la parroquia es una expresión de corresponsabilidad. Los cristianos contribuyen sus talentos de cualquier forma que puedan. El compromiso a la corresponsabilidad nos motiva para poner nuestros dones al servicio de la comunidad. Si vamos a servir al pueblo de Dios, y por lo tanto a Dios mismo, un lugar concreto y un grupo específico de personas nos ayudan para asegurarnos de que nuestro servicio sea palpable y responsable.
 
FORMANDO EL CUERPO DE CRISTO
La vida de una comunidad parroquial es animada por la vida de Dios,  ya que ésta es la encarnación de la presencia del Cristo resucitado. La parroquia también personifica la presencia, los frutos y la obra del Espíritu Santo. En resúmen, la parroquia vive una vida propia de la corresponsabilidad cristiana. La vocación de todos los que nos reunimos alrededor de la mesa eucarística es la de vivir una vida de agradecimiento sirviendo a los demás (diakonia), proclamando el reino de Dios (kerygma) y promoviendo la comunión entre nosotros (koinonia).
 
Es importante recordar que nuestra misión como cristianos implica antes que nada acercarnos a nuestros seres queridos y a aquellos con quienes celebramos la Eucaristía. La comunidad parroquial es donde experimentamos la presencia de Jesús más profundamente. Nuestra primera y más importante tarea es la de formar el Cuerpo de Cristo, compartiendo con otros que también creen que Cristo ha resucitado.
 
CORRESPONSABILIDAD Y EVANGELIZACIÓN:  OFRECIENDO ESPERANZA AL MUNDO
Habiendo entrado en comunión con Jesús y creado una comunidad con aquellos que reconocen su presencia entre nosotros, quedamos capacitados para proclamar juntos como un cuerpo de fe a toda la gente que Dios está activo en el mundo. "Cada miembro de la iglesia ha sido llamado a evangelizar, y la práctica de la verdadera corresponsabilidad cristiana inevitablemente nos lleva a la evangelización"  (Corresponsabilidad: La Respuesta de un Discípulo)
 
Del compromiso que hagamos con los hermanos y hermanas con quienes nos reunamos, quedaremos capacitados para mobilizarnos en todas direcciones y así alcanzar a toda la gente. La Guía del Consejo Parroquial nos enseña:
 
Para la mayoría de nosotros, una manera importante de experimentar comunión y misión es en nuestras respectivas parroquias. Es allí en donde escuchamos la palabra de Dios y somos alimentados por la Eucaristía para poder vivir nuestra comunión con Dios y con los demás. En el ambiente parroquial experimentamos poder en la Eucaristía. Su energía nos envía en misión de evangelización y servicio, invitando a otros a compartir nuestra vida.
El compromiso a la corresponsabilidad cristiana de nuestra comunidad parroquial nos permite enseñar, sanar, inspirar y ofrecer esperanza al mundo como una expresión de nuestra fe en Jesucristo en que todo lo que tenemos para dar nos viene de él, quien nos ha reunido.
"Así reconocerán todos que ustedes son mis discípulos:  si se tienen amor unos a otros."  (Juan 13: 35)

El cuarto aspecto fundamental de la corresponsabilidad cristiana es reconocer con gratitud que nuestros bienes materiales y recursos económicos vienen de Dios. El corresponsable cristiano no solamente reconoce el don de tener posesiones e ingresos, sino también se compromete a devolverle a Dios los "primeros frutos" de estos recursos. Este compromiso implica sacrificarse al dar.
 
PRIORIDADES DEL USO DEL DINERO EN LOS ESTADOS UNIDOS
Muchos piensan que la sociedad Norteamericana vive en un total libertinaje económico. Consideremos la manera de gastar dinero de un típico Norteamericano. De acuerdo a las encuestas de los últimos diez años, los estadounidenses gastan su dinero de las siguientes maneras:
  • $44 mil millones anuales en refrescos
  • $35 mil millones anuales en actividades deportivas
  • $29 mil millones anuales en dietas
  • $19.5 mil millones anuales en billetes de la lotería
  • $12 mil millones anuales en dulces
  • $8 mil millones anuales en mascotas
  • $5.5 mil millones anuales en videojuegos
  • $3.5 mil millones anuales en flores
  • $2.2 mil millones anuales en actividades de la iglesia
  • $1.5 mil millones anuales en uñas
Esto es un reflejo de las prioridades de esta cultura, en la cual debemos de enseñar a los católicos la importancia de ser corresponsables cristianos. El desafío es practicar la corresponsabilidad en una cultura que no está abierta para recibirla. Nuestra cultura define la lista de hábitos despilfarradores anteriormente mencionada como algo normal. La pregunta que nos desafía es la siguiente: ¿Tengo yo los hábitos de los patrones de gasto de dinero que describe la lista?
 
LIBERTAD DEL CONSUMISMO
Nuestra cultura nos hace creer que nosotros somos aquello que consumimos. Somos más que los demás una vez que hemos alcanzado un nivel más alto. No valemos nada si vivimos debajo de la posición estandarizada por la sociedad. Esta es la ley estricta del avance económico. El consumismo es la prueba esencial de una vida económica fructífera y el consumo de bienes materiales se convierte en una demostración de nivel social. Jesús invita a sus discípulos a practicar una libertad interior del consumismo. Todo aquel que quiera adoptar una auténtica corresponsabilidad cristiana se verá obligado a renunciar a la preocupación por los bienes materiales y por el consumismo.
 
Los caprichos del consumidor aumentan constantemente. Nos creamos nuevas necesidades tan pronto satisfacemos las anteriores. Los artículos de lujo son clasificados como prendas "necesarias" con la intención de poder satisfacer más necesidades. Nuestros estándares de vida aumentan a medida en que nuestras condiciones de vida mejoran. Hay ahora una expectativa por la prosperidad y la vida de satisfacción económica. El resultado es que un individuo cuyos ingresos aumentan constantemente, sigue creyendo no tener suficiente dinero para gastar y sigue creyendo que su situación económica no es buena.
 
El mensaje cristiano puede clarificar algo que no puede medirse tan fácilmente en la escala práctica de valores del consumidor moderno:  el reemplazo de ese impulso por consumir significa libertad del consumismo. El punto de vista cristiano expresa claramente que la felicidad no se alcanza únicamente por medio del consumismo y de la prosperidad económica.
 
Pero en la luz de Cristo, el no querer tener todo tiene mucho sentido. Esta ''pobreza de espíritu" es una libertad interna de los bienes materiales que fortalece nuestra relación con Dios. La famosa promesa se aplica:  los pobres de espíritu poseerán el reino de Dios.
 
DIOS EN PRIMER LUGAR
El corresponsable cristiano entiende que la esclavitud del consumismo debe ser desafiada entregándole a Dios los primeros frutos de nuestro trabajo. El dar sacrificándonos es como nosotros los cristianos describimos el devolver los primeros frutos de nuestro trabajo a Dios. Esto significa darle la primera porción de nuestras riquezas materiales, nuestros recursos económicos, nuestro dinero. El sacrificio de dar implica el reconocer que todo lo que tenemos, nuestro tiempo, nuestra salud, nuestras amistades, nuestros bienes materiales y nuestro dinero son un regalo de Dios. El Espíritu Santo nos ayuda a reconocer la necesidad que tenemos en nuestro corazón de devolverle a Dios parte de estos dones con generosidad.
 
Este dar se logra concretamente al contribuír generosamente para la iglesia local, nuestra parroquia y la comunidad en la que vivimos a través de obras de caridad y organizaciones civiles. Como nos dicen los obispos: "Los feligreses deben aceptar responsabilidad por sus parroquias y contribuir generosamente, tanto dinero como servicio personal - a sus programas y proyectos."
 
SACRIFICARSE DANDO
Después de hacer el compromiso de orar diariamente, de enriquecer nuestras relaciones familiares y de dar algo de nosotros a la comunidad parroquial, es tiempo de devolverle a Dios los primeros frutos de nuestro trabajo, o sea nuestro dinero.
 
PRIMERO: Una decisión en oración - El primer elemento de sacrificarse al dar es que la decisión se tome en oración, reconociendo que el Espíritu Santo nos impulsa para entregarle a Dios los "primeros frutos" de la riqueza material que hemos acumulado. Esta etapa requiere que nos detengamos para orar y para tomar una decisión consciente de cambiar nuestros hábitos del dinero con el propósito de convertir a Dios en el primer receptor de nuestros ingresos.
 
SEGUNDO: Planeación Intencional - El segundo elemento de dar sacrificándonos es ser responsables e incluir en nuestro presupuesto una cierta canditad para dársela al Señor, siempre cuidando nuestras responsabilidades y obligaciones familiares, y siempre considerando los recursos económicos y las circunstancias particulares de la familia.
 
¿Cuánto debemos dar? No existe una cantidad establecida. Sin embargo, podemos comenzar evaluando nuestro presente nivel de contribución. ¿Regresamos a Dios la primera porción de nuestros ingresos? ¿Refleja esta porción adecuadamente nuestra gratitud por la generosidad de Dios?
Hay gente que utiliza el diezmo (diez por ciento) de la biblia como guía. Hay también algunos que recomiendan que demos 5% a la iglesia en la colecta del ofertorio, 1% a la arquidiócesis y 4% a otras obras de caridad que sirven a los pobres y necesitados y apoyan la bondad común de nuestras comunidades.

La tabla de la página siguiente explica la relación entre ingresos y porcentajes de contribución para la colecta del ofertorio. En esto tampoco hay una respuesta "correcta."  Nuestra contribución es nuestra respuesta a Dios, en proporción a los dones que él nos ha dado, y que a cambio nosotros optamos por compartir con nuestra parroquia y con diversas obras de caridad. La decisión en cuanto a la cantidad debe tomarse con detenimiento para que ésta refleje nuestro agradecimiento con Dios por todo lo que hemos recibido.
 
"Cada uno ofrecerá en proporción a lo que tenga, según la bendición que Dios le haya otorgado."  (Deut. 16: 17)
 
TERCERO: El llamado al sacrificio - El tercer elemento es el compromiso que requiere que vayamos mas allá de la "comodidad" de nuestro comportamiento como consumidores. La proporción de nuestra contribución se convierte en sacrificio cuando tenemos que economizar para poder dar. Cuando damos aún teniendo necesidad propia, así como en el relato evangélico de la viuda y sus monedas, experimentamos una verdadera transformación espiritual.
 
Talvez la lección más importante que podamos aprender de este tercer elemento es que el dar sin que nos cueste trabajo no es sacrificio. El sacrificio se hace presente cuando algo de nuestra vida tiene que cambiar para que podamos dar. Nosotros entonces re-organizamos nuestras prioridades y nuestros hábitos de gastar dinero y así re-evaluamos nuestros valores. Así, cada vez que hagamos una contribución y exista el sacrificio, recordamos las razones por las cuales decidimos dar.
 
El dar sacrificándose es la manera como el corresponsable sigue al Señor, quien sacrificó su vida para darnos vida eterna. Nosotros así nos negamos algo para que otros crezcan, y a cambio experimentamos una relación más profunda con Cristo.
Cuando el dar se convierte en sacrificio, esto nos obliga a descubrir nuestra verdadera fuente de seguridad. Cuando cedemos algo que creemos indispensable, reconocemos que nuestros bienes materiales no son tan importantes, y que estos no nos llevan a la salvación. Sólo Dios nos salva, y el aceptar esta realidad incrementa nuestra conciencia como discípulos.
 
"Cada uno dé según lo que decidió personalmente, y no de mala gana o a la fuerza, pues Dios ama al que da con alegría."  (2 Cor. 9: 7)
 

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Ser un Cristiano Corresponsable
Citas Bíblicas
Cuatro Fundamentos de la Corresponsabilidad CristIana
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