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Homilía

POR EL CARDENAL ADAM MAIDA

Ordenación Episcopal Del Obispo Daniel Flores

CATEDRAL DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO

NOVIEMBRE 29, 2006
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Lecturas:  Isaías 61:1-3a; Juan 10:11-16

 

Obispo Flores, Obispo Carmody, Obispo Gracida y mis hermanos Sacerdotes de la Diócesis de Corpus Christi; mis hermanos Obispos y Clérigos de la Arquidiócesis de Detroit; Amigos y Familiares del Obispo Flores, Hermanos  y Hermanas mías en el Señor:

 

Cada Santa Eucaristía celebra un santo intercambio de dones. De hecho, nosotros podríamos hablar de toda la vida Cristiana como una expresión de comunión, de compartir los dones de Dios para nosotros y a través de nosotros. Al ordenar al Obispo Flores, nosotros tenemos un testimonio muy visible y poderoso del santo intercambio de dones. Nosotros agradecemos a nuestro Santo Padre, el Papa Benedicto XVI, al Obispo Carmody, y a la Diócesis de Corpus Christi, Texas, por el don que comparten ustedes con nosotros este día, una de las brillantes luces de su clero, un excepcional maestro y pastor, un hombre de profunda oración y preocupación compasiva por el pueblo de Dios. Con humilde gratitud nosotros aceptamos gozosos el don que ustedes ofrecen. Que esta feliz ocasión impulse al futuro compartiendo más con su diócesis en los años por venir. 

 

Este es un grandioso e histórico momento para nuestra Iglesia de Detroit, y especialmente para la siempre creciente población Hispana de Michigan. Durante décadas, gracias al servicio generoso de nuestros mismos clérigos Arquidiocesanos, religiosos y sacerdotes externos, nosotros hemos sido bendecidos para proveer un cuidado pastoral único a las personas de origen Hispano. Y ahora, en este día, nosotros tendremos un obispo quien conoce su cultura de primera mano y será capaz ciertamente de hablar de la misma experiencia. En la celebración de hoy,  nosotros nos regocijamos en el "santo intercambio de dones" que las personas Hispanas traen a nuestra Iglesia de Detroit y a la Iglesia Universal. Nosotros les agradecemos su profundo compromiso a la vida familiar y a la santidad del matrimonio. Nos regocijamos con ustedes por las bendiciones de Nuestra Señora de Guadalupe y todas las tradiciones Hispanas de fe en los muchos países y culturas que ustedes representan. Todas las culturas juntas, están entretejidas  en un hermoso tapiz que es la Iglesia.

 

Obispo Flores, mediante su consagración Episcopal , usted compartirá conmigo y con todos los demás miembros del Colegio Episcopal  el ministerio apostólico de la Iglesia bajo la guía de nuestro Santo Padre, el Papa Benedicto XVI. Como tal, usted será por consiguiente sumergido total y completamente en la universalidad de la Iglesia con todos sus dones y necesidades. En un sentido, usted es enviado en una misión que se extenderá más allá de esta Arquidiócesis. Yo se que nunca olvidará su lugar de origen ni  la Iglesia que usted ha amado y servido muy bien durante casi dos décadas. Todas sus experiencias como profesor y pastor le serán de mucha utilidad aquí y en muchos lugares y locaciones diferentes en los que el Señor le llame para guiar a Su pueblo en los años por venir.

 

En estos precisos momentos, en que estamos reunidos aquí para celebrar una comunión de dones, nuestro Santo Padre, el Papa Benedicto XVI, está haciendo una visita pastoral extremadamente importante a la Iglesia de Turquía. Su visita ahí es ecuménica y vinculante,  tendrá enormes implicaciones y repercusiones para el diálogo de la fe y la razón en cada parte del mundo y con gente de distintos credos. Su valor y compromiso para tal visión y tal diálogo es en sí mismo, un gran testimonio y desafío para todos nosotros. Él nos recuerda que el ministerio en el nombre del Señor y de Su Iglesia supone un verdadero diálogo de fe, algo que con frecuencia va más allá de las palabras y se expresa por si mismo en amoroso servicio.

 

En la primera lectura de hoy del Profeta Isaías, nosotros oímos acerca de los diálogos de fe ya que escuchamos las mismas palabras que Jesús pronunció una vez al comienzo de su ministerio público: "El espíritu del Señor Dios está sobre mí porque el Señor me ha ungido. Él me ha enviado para anunciar buenas nuevas a los pobres, para sanar a  los quebrantados de corazón...para proclamar el año de la buena voluntad  del Señor..." 

 

Una de las primeras responsabilidades de un obispo es la proclamación de las Buenas Nuevas de Jesucristo. Isaías nos recuerda que el diálogo de fe no proviene de nuestra iniciativa; mejor dicho, que es el Señor Dios quien ha grabado en nuestros corazones el deseo y la necesidad  del significado y la esperanza. Nuestra investigación humana nos abre para estar atentos a las misteriosas y poderosas maneras en las que Dios proclama Su amor por nosotros a través de la voz de los profetas, y sobre todo, a través de Su Hijo, Jesucristo. Como un obispo, usted disfrutará ahora la privilegiada responsabilidad de enseñar la fe y proclamar una palabra de esperanza y valor a las personas de todas las culturas e idiomas. Aunque las circunstancias pueden variar, finalmente, es una la Palabra que las personas necesitan oír__la Buena Nueva de Jesucristo.

 

Como obispos, sacerdotes, y diáconos, nosotros somos ministros de la Palabra de Dios, una Palabra que podemos proclamar a otros solamente si nosotros la hemos oído en el silencio de nuestros corazones a través de la oración contemplativa. Una de las primeras cosas que he notado acerca de usted, Obispo Flores es su profundo espíritu contemplativo, su sentido de maravillarse y reverenciar las muchas maneras en las que el Espíritu de Dios trabaja en el mundo.

 

Nuestro trabajo de evangelización conduce naturalmente al pueblo al altar de Dios, al deseo de compartir el misterio de Su Muerte y Resurrección a través de la Santa Eucaristía y de los demás sacramentos. Como un obispo, conmigo, usted recibe la misión apostólica de Cristo, el más Elevado Sacerdote y Buen Pastor. Como los Padres del Concilio Vaticano II  han explicado, " Los obispos son los dispensadores principales de los misterios de Dios, solo por ser ellos los gobernadores, promotores, y guardianes de toda la vida litúrgica de la Iglesia a la que están comprometidos. De aquí, que ellos deben esforzarse constantemente a sí mismos para tener el conocimiento fiel y vivir el Misterio Pascual más profundamente a través de la Santa Eucaristía y así convertirse firmemente en un tejido corporal en la solidaridad del amor de Cristo (CD 15).

 

Usted guiará a otros a una mayor santidad en el Señor precisamente por afirmar la dignidad de cada vocación Cristiana y dar testimonio del servicio de Cristo el Buen Pastor, quien verdaderamente conoce y ama a cada una de sus ovejas. De las muchas relaciones que usted desarrollará en los meses y años por venir aquí en la Arquidiócesis, sé que usted dará un enfoque especial a los dones y necesidades de sus hermanos sacerdotes, afirmándoles que ellos viven a través de estos días de desafíos en la Iglesia, invitándoles siempre a recordar el mayor bien común  de toda la Arquidiócesis.

 

Como pastor, usted se unirá conmigo en la preocupación no solamente por la unidad de la Iglesia, sino también por la búsqueda de siempre nuevas formas de promover la dignidad de la vida humana desde el primer momento de la concepción hasta el de la muerte natural. Como maestro, usted no solamente  estará transmitiendo y renovando en nuestro pueblo Católico  su entendimiento de la fe, sino que también estará llamado para articular nuestros valores de fe y mostrar cómo ellos son aplicables a muchos asuntos sociales de nuestros tiempos. Conmigo y con los demás obispos del estado, yo confío en que usted será una voz hablando en nombre de los derechos humanos fundamentales para todas las personas. Por sus antecedentes, su herencia y experiencia, usted tendrá una oportunidad especial de testificar las necesidades especiales de las personas migrantes; usted  ayudará a otros a sensibilizarse más a la diversidad cultural y a la forma en la que nuestra Iglesia y nuestro país serán más fuertes en la medida en que nosotros aprendamos a compartir los dones y recursos con los demás.

 

Como un buen pastor entre la comunidad Cristiana, yo confío en que usted profundizará su propia santidad en el ejercicio de su ministerio episcopal entre el pueblo de Dios. Su disponibilidad y sensibilidad para los ordenados y laicos será del mismo modo una fuente de alegría y valor para ellos y para usted. Ayudará a construir la unidad de nuestra Arquidiócesis mediante su apoyo y participación en el trabajo de las parroquias y escuelas, instituciones y agencias de nuestra área local que continúan la enseñanza y el ministerio de sanación de Jesucristo.

Obispo Flores, usted ha venido a nosotros como un apóstol y un misionero. Yo no puedo ayudar solo remarcar que el Español fue sin duda el idioma de los primeros evangelizadores de este continente Americano, y ahora usted será para nosotros un testimonio vivo del diálogo de salvación por su presencia misma. Su fervor apostólico y ejemplo de oración ayudarán a liberar entre nosotros formas siempre nuevas de escuchar al Señor y proclamar Su Palabra de esperanza y alegría a las personas de cada cultura. Cada día de su ministerio entre nosotros puede ser verdaderamente un "santo intercambio de dones" y puede usted recibir, incluso lo que usted da, gracia sobre gracia. Nosotros estamos reunidos en estos últimos momentos del año de la Iglesia y anticipando ansiosamente otro Adviento y el inicio de un nuevo año de gracia. En estos momentos de transición, en comunión con la Iglesia por todo el mundo bajo el liderazgo del Papa Benedicto XVI,  recordemos la presencia y poderosa intercesión de la Bendita Virgen María, Nuestra Señora de Guadalupe, Madre del Señor, Madre de la Iglesia y Madre de América. Que la Virgen Bendita de Guadalupe nos bendiga y nos guíe a todos los que compartimos los santos dones de Dios. Amén.

 

Bishop Flores Ordination Audio
November 29, 2006
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