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'Glory to God' My Christmas Prayer is for you to know that He, whose birth we celebrate, loves you
Published December 22, 2009
2009 Abp. Vigneron Christmas Message - Español 2009 Abp. Vigneron Christmas Message - English
Queridos hermanos y queridas hermanas en Cristo:
Mientras nos acercamos a la Navidad, me alegra contar con esta oportunidad para expresarles mis mejores deseos en oración durante su celebración de esta gran fiesta. Pido al Señor que les conceda, al igual que a todos los que ustedes aman, una dicha abundante en esta temporada, cuando recordamos el nacimiento de Nuestro Salvador Jesucristo, Dios Hijo encarnado.
Al expresar este deseo, me inspira el tener que considerar lo que puedo hacer para estimular la dicha que anhelo para ustedes. Tan gratificante como fuera, no puedo enviarle a cada uno de ustedes algo para su cena navideña, o un adorno para que su árbol se vea más iluminado. Sin embargo, puedo ofrecerles algunas consideraciones que les ayuden a profundizar en su entendimiento de la Navidad, y confío que el fruto de dicho discernimiento sea un aumento en la esperanza.
Este año, quisiera que entendiéramos mejor la Navidad al reflexionar juntos en la "gloria", palabra que aparece en las lecturas de la Escritura y de las oraciones durante la liturgia para este solemne día santo.
El Evangelio para la Misa de Medianoche nos dice que el coro de ángeles que se apareció a los pastores para anunciarles el nacimiento de Cristo, proclamó: "Gloria a Dios en las alturas" (Lc. 2:14). Cuando los ángeles aparecieron, san Lucas dice que "la gloria del Señor" brilló alrededor de los pastores (Lc. 2:9). En la lectura del Evangelio para la misa del día de la Navidad, escuchamos a san Juan expresar que cuando el "Verbo se hizo carne", pudimos ver "su Gloria: la Gloria que recibe del Padre el Hijo único…" (Jn. 1:14). En una epístola escogida de la Carta a Tito, san Pablo habla de "la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador, Cristo Jesús" (Tt. 2:13). Y la bendición solemne con la que finalizan las misas de Navidad afirma que, en el nacimiento de Jesús, el Padre "iluminó esta noche santa con su Gloria".
¿Qué es esa gloria sobre la cual cantaban los ángeles en la primera Navidad, y que proclama la Iglesia cuando celebramos dicho evento cada año? Si comprendemos lo que es la gloria, me parece que podremos entender mejor lo que es la Navidad; como resultado, celebraremos esta fiesta con más alegría.
Podemos utilizar varios ejemplos para tratar de entender "lo que es la gloria", pero me limito a tres: una estructura gloriosa, algo glorioso en la naturaleza, y una actuación gloriosa.
Una estructura gloriosa. Nomino al puente Mackinac como ejemplo en esta categoría. El puente no es sólo gigantesco en tamaño y ambicioso en lo que logra (conectar ambas penínsulas a lo largo de los estrechos), sino que es un elemento de gracia y belleza. Es una de las "glorias" contemporáneas de la tecnología.
Algo glorioso en la naturaleza. Para esto, mi ejemplo es una rosa, una rosa perfecta, sin el toque del deterioro, en pleno florecimiento, repleta de delicadeza pero con una fragancia inconfundible, con un color tan intenso que podría lastimar los ojos al verla a la luz brillante del sol. Esta rosa es una de las "glorias" de la naturaleza.
Una actuación gloriosa. Aunque podríamos fijarnos en la música o el drama para encontrar un ejemplo en esta categoría, veamos el atletismo, específicamente un juego perfecto de béisbol. El lanzador ejecuta su labor sin una falta, no permite carreras ni anotaciones, y su equipo lo apoya a lo largo de todo el juego. En dicho juego hay tanta excelencia, que los fanáticos la encuentran inolvidable, y es una "gloria" para el deporte.
Estos ejemplos nos permiten entender lo que es la gloria, al ayudarnos a ver lo que no es. La gloria misma no es una cosa; no es algo como un mineral (ni siquiera un mineral "glorioso", como una joya); no es algo como una planta (ni siquiera una planta "gloriosa", como una orquídea) ; y tampoco es algo como un animal (ni siquiera un animal "glorioso", como un león). Los objetos pueden ser gloriosos, pero la gloria no es un objeto. Más bien, la gloria es una cualidad que pertenece a los objetos.
La gloria que le pertenece a algo, como a un puente, una rosa o un juego sin anotaciones, es una característica particular. No es como el peso, el color, el dulce o la nitidez. La gloria no es la clase de calidad que se ajusta con exactitud a alguno de nuestros cinco sentidos.
De hecho, la gloria es la cualidad que se aferra a la apariencia de algo bueno que existe a un nivel de excelencia superior a lo ordinario. El puente Mackinac es glorioso porque está muy cerca de realizar con perfección lo que los puentes deben lograr. La rosa que describí es gloriosa porque, al ser una rosa, se acerca a la perfección. El juego perfecto de béisbol es glorioso porque define lo que los fanáticos consideran como lo mejor que puede ocurrir al jugar el partido.
Debido a que la gloria no es un objeto, un sentido o una experiencia, nos veríamos tentados a imaginar que la gloria es sólo algo "dentro" de nuestras mentes o corazones, como el dolor, la dicha, el entusiasmo o el sueño. No; la gloria no es tan personal, no es tan "subjetiva". No es algo que cualquier persona o grupo de personas, sin importar cuán amplio sea, puede proyectar o añadirle a algo. No importa cuánto aclamemos, gritemos o hablemos con entusiasmo sobre algo, no lo podemos convertir en glorioso si ya no lo es. Nosotros no causamos la gloria; nosotros la observamos.
La gloria es algo en el mundo que está fuera de mí. Es algo que reconozco. Es la verdadera propiedad de las cosas mismas. La gloria es la excelencia preeminente reconocida como excelente.
Por eso, la gloria de la Navidad es la excelencia manifiesta y casi indestructible de Dios siendo Dios, y actuando como Sí mismo.
Esa es la manera en que los autores de las Escrituras utilizan el término a través de la Biblia. Pensemos, por ejemplo, en el cántico de los israelitas al salir a salvo de Egipto tras cruzar el Mar Rojo, y cantan que Dios "se ha cubierto de gloria" (Ex. 15:1; ver también 15:2-18). En aquella noche, Dios actuó como Dios de una manera tan plena y tan poderosa para mantener su promesa y salvar a su pueblo, que la noche estaba repleta de su gloria.
Cuando el Eterno, el hijo único de Dios Padre, nació como un hombre, Dios estaba siendo Dios de una manera maravillosa e incomparablemente poderosa. Él no sólo entró a la historia para alterar los acontecimientos por el beneficio terrenal de su pueblo escogido; él se hizo parte de la raza humana sin dejar de ser Dios, para que nosotros, los seres humanos, compartiéramos en la propia vida de Dios. La excelencia patente en esta "actuación" es la "gloria" que cantaban los ángeles cuando se aparecieron en el cielo nocturno sobre los campos cerca de Belén.
Por supuesto, existe una cierta paradoja sobre la gloria de Dios en la noche de la Navidad que sólo es reconocida por quienes tienen fe. Para los hombres y las mujeres que no creen que el niño nacido de María, la esposa de José, es Dios Hijo, aquella noche no tiene nada de glorioso. Para ellos, fue sólo otro pequeño venido al mundo, del cual eventualmente partiría en la muerte y, más patético aún, fue tan pobre que su madre tuvo que dar a luz en un establo, ni siquiera en una posada, y mucho menos en un hogar propio.
Sin embargo, lo que para otros parece cubrir la gloria de Dios, la intensifica aún más para quienes ven con los ojos de la fe. Para los creyentes, la pobreza y la humildad del niño Jesús demuestran el verdadero rostro de Dios con una claridad deslumbrante, mientras lo esconden de los no creyentes. ¡Cuán ilimitada es la gloria de Dios, que pone a un lado su poder y majestad por amor a nosotros! Querer estar tan cerca de nosotros, hasta el punto de convertirse en uno de nosotros, es sumamente característico de Dios. Aquí, en la cuna, Dios nos demuestra lo que en verdad es: absoluto, desprendido, y desinteresado
Que este año reconozcan nuevamente la gloria de Dios; que contemplen que aquel cuyo nacimiento celebramos es Dios-con-nosotros, y que nunca se marchará, no importa cuán difíciles sean los tiempos o cuán pesada sea la carga; que estén conscientes de que Dios les ama, y que esto les cause una gran alegría, una dicha sin límites, y felicidad para ustedes y para quienes ustedes aman. Ese es mi deseo de Navidad, mi oración de Navidad para todos.
Feliz Navidad. Arzobispo Vigneron
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